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Cuentos apócrifos 4

Iniciado por sufiazafrán, Mayo 09, 2018, 23:58:08

sufiazafrán

Buenas gente:

Hoy os dejo El hijo pródigo, un relato sobre Zzabur, el profeta sin nombre, el padre de la magia.

El hijo pródigo

"Habrás oí­do a muchos hablar de los grandes santos: Hrestol, Arkat, Xemela, Gerlant y otros muchos. Pero nadie te hablará de Zzabur, el profeta sin nombre, el padre de la magia, que desarrolló los secretos de la voluntad omnipotente y trajo la hechicerí­a al mundo. Solo yo, Ostorius Archmagus, Mago supremo desde que mi maestro partió, puedo contarte sobre los últimos momentos de su vida y el sacrificio que hizo por todos nosotros”.


Zzabur se encontraba en su hogar, sentado en el centro de una enorme sala, hierático e inexpresivo, calculando todas las posibilidades lógicas de cada brizna de realidad que habí­a a su alrededor. Entonces entró en la sala un ser horripilante, mujer de cintura para arriba y con ocho patas gigantescas, como las de una araña. Caminó hacia el mago supremo con actitud relajada, sonriendo y sin apartar los ojos del hombre, que no se movió ni un ápice. Se detuvo a doce pasos de él, sin perder su sonrisa, inquietante y reconfortante a una vez.

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Observó la esencia del ser que habí­a entrado sin ser invitado. Era un ente ajeno y extrañamente familiar a la vez. Entonces habló:

"Estás aquí­â€, dijo con su voz lógica y ordenada: "Aquí­ estoy”, respondió ella con tono complaciente.

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Su mente calibraba las consecuencias lógicas de hablar con este ser, al que conocí­a sin haber visto nunca antes. Entonces habló:

"¿Por qué estás aquí­?”

"Tú ya sabes por qué estoy aquí­, igual que sabes mi nombre. Respondió ella, dando un paso.”

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible:

"Sabes que no puedes hacerlo, ni siquiera tú puedes calcular todas las consecuencias.”

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Rememoró todos los factores que le habí­an llevado a tomar una decisión tan definitiva. Entonces habló:

"Lo eterno muere, lo intrascendente alcanza el infinito. La sangre primigenia se mancha, los humanos pierden el poder que les pertenece por derecho. La ignorancia impera, y los indignos se vuelven a los entes menores en busca de guí­a. El tiempo pasa... tan despacio. Puedo oí­rlo, como granos de arena cayendo uno a uno... muy despacio, pasos lentos que se acercan al olvido. Mi padre, mi padre....”

"Tu padre te abandonó." Respondió ella, dando un paso.

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Entonces habló:

"Eso es... cierto.”

"¿Es lo que tu padre querí­a para vosotros?”

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Entonces habló:

"Tú no sabes lo que habrí­a querido mi padre.”

"No, no lo sé, pero eligió a Hrestol antes que a ti, y aun así­, planeas destruir las tierras que iluminó con las palabras de tu padre, la verdad del Creador."
Respondió ella, dando un paso.

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Entonces habló:

"Toda la verdad Está en la palabra de Malkion.”

"Y aun así­ tú has escrito un libro, ¿acaso te crees un profeta ahora? Respondió ella, dando un paso.”

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Una lógica extraña comenzaba a dibujarse en su mente, factores nuevos comenzaban a dispersarse en la eternidad que era su intelecto. Entonces habló:

"‘Profeta’, esa palabra no tiene ninguna lógica, va contra las leyes de mi padre.”

"Tu padre ha muerto, mago supremo, así­ como tus hermanos, y tu has tomado el papel de tu padre desde el alba. Todo eso va en contra de las leyes de tu padre.” Respondió ella, dando un paso.

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Comenzaba a repasar sus enunciaciones, volviendo a los supuestos de los que partió, mirando en su alma. Entonces habló:

"Eso es... falso. Yo transmito las palabras de mi padre como el me las transmitió a mí­.”

"Por supuesto, querido mí­o, pero dime, cuando las gentes de Brithos se encuentran ante un dilema que no pueden resolver, ¿acuden a tu padre, o acuden a ti?” Respondió ella, dando un paso.

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible.

"Lo que queda de tu raza también está muriendo, encerrados en esta isla de la que no os atrevéis a salir por miedo a violar esas leyes de las que hablas. Temerosos de morir, de perderos en el vací­o. Igualmente asustados por las consecuencias que vuestro conocimiento puede tener en el mundo. Tenéis miedo de este nuevo mundo, de que se aprovechen de vosotros y os roben, de que los indignos aferren vuestro poder y lo vuelvan contra vosotros. De que os maten. Estáis solos, como niños perdidos en la oscuridad. Ni siquiera la lógica es ya un consuelo." Respondió ella, dando un paso.

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Entonces habló:

"Eso es... cierto.” Una lágrima corrió por la mejilla izquierda del mago supremo, de un negro oscuro como la desesperación. Una lágrima que marcó su rostro con la pesadumbre de lo perdido.

"Esto es un problema de lógica ¿verdad? Y tú estás buscando una respuesta, una que encaje, pero tu lógica no es pura, mira.” Dijo la extraña mujer señalando la lágrima, que quedó prendida a la máscara inexpresiva del mago supremo, manchando la pureza de su intelecto. "Te dejas llevar por la pena, por la pérdida. Es lógico, son nuevas para ti. Pero dime, ¿de verdad crees que es lógico matar aquello por lo que tu padre te abandonó, aquello por lo que corrió la sangre de Arkat y de los tuyos? ¿Acaso es lógico mantener esta isla maltrecha, esta ruina de la lógica, en un mundo en el que ya no hay lógica?”

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Entonces habló:

"Eso son tan solo preguntas, ¿Cuáles son las respuestas?”

"Tú ya sabes las respuestas, Mago supremo, ¿eres capaz de aceptarlas?” Respondió ella, dando un paso.

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Entonces habló:

"Yo... No puedo, no puedo decirle eso a los demás... No lo entenderí­an, no otra vez, no otra traición.”

"¿El qué, querido, qué no puedes decirles?” Ella le miró a los ojos "¿Qué es lo que te da tanto miedo que no te atreves a pronunciar?” Preguntó ella, dando un paso.

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Entonces habló:

"Debo aceptar las últimas palabras que me dijo mi padre: Un nuevo orden viene con el tiempo.”

"En efecto querido, un nuevo orden. Tu padre lo vio cuando realizó el ritual. Sintió el poder de los otros, luchando con el último resquicio de sus fuerzas, negándose al olvido. Vio todas las verdades unirse en una sola y se maravilló, y alcanzó el solaz del alma. Hrestol, su elegido, sintió su alma gritar y revolverse contra las primeras palabras del profeta. La verdad palpitó en su pecho y se mantuvo fiel a ella hasta el final, y alcanzó el gozo del corazón.” Respondió ella, dando un paso.

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Entonces habló:

"¿Y qué haré yo?”

"Tú, querido mí­o, dejarás atrás las rencillas de eras pasadas y salvarás al mundo de la corrupción del Imperio medio. Estarás solo en esta tarea, en los más alejados márgenes del ostracismo, todos te odiarán por ello, y te sentirás desdichado. Pero la fuerza de tu voluntad se mostrará omnipotente, y ofrecerás lo que queda de la lógica en este nuevo mundo al dios invisible. Realizarás un ritual de un poder nunca visto antes, y Brithos desaparecerá, junto con vosotros. Tú y los tuyos ascenderéis y conoceréis a los dos profetas. Cuando los demás conozcan la verdad os llamarán por vuestros nombres: Malkión, el solaz del alma; Hrestol, el gozo del corazón; Zzabur, el poder de la fe.” Respondió ella, dando un paso.

Zzabur permaneció callado, su rostro impasible. Entonces habló:

"¿Podré hablar con papá?”

"Y nunca más dejarás de escucharlo, si es lo que deseas.” Respondió ella, dando un paso, sus enormes patas rodeando ya al mago supremo.
Una lágrima corrió por la mejilla derecha del mago supremo, de un blanco puro como la esperanza. Una lágrima que marcó su rostro con la fe en las palabras de su padre por un futuro mejor. Entonces dijo:

"¿Cómo sabes todo esto?”

"Porque yo soy Arachne solara, que murió y volvió para cuidar de todo una vez más. Abrázame, hijo mí­o, y dime mi nombre, pues yo no lo recuerdo.”

Entonces ella le abrazó con el amor de una madre y le besó las mejillas, borrando la negra desazón de la nostalgia por lo perdido, quedando en su rostro tan solo la pureza de la esperanza. El mago reposó sobre el pecho de su madre y le devolvió el abrazo. Así­, seguro una vez más entre unos brazos protectores, escuchó al universo palpitar en el pecho de su madre, y pronunció su nombre con un suspiro de alivio:

- Glorantha.

Entonces recordó a los que dejarí­a atrás y preguntó:

- ¿Qué pasará con los que dejemos atrás, todos aquellos que siguen la verdad de Malkión?

Viajarás conmigo, mago supremo, tejerás tu poder en mis redes y así­ las completarás, para que todo el que sea capaz de ver la verdad del Creador pueda realizar milagros que recordarán a todos el poder de la fe, el mensaje de Zzabur, El profeta sin nombre, el padre de la magia.

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