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cuentos apócrifos

Iniciado por sufiazafrán, Abril 17, 2018, 20:34:48

sufiazafrán

Hola, gente:

Estoy escribiendo mitos y leyendas de Glorantha para hacer lore para mi campaña y por echar el rato. Aquí­ os dejo uno:

Arkat el libertador y la muerte de Nysalor

Escrito en el año X por Gadarat de Pizdaros, seguidor del Dios invisible:

La historia que reproduzco en estas páginas me la relató un krjalki en la frontera de Halikiv, en el este de Ralios, durante una de mis numerosas búsquedas para comprender cómo destruir al caos. La entrevista se produjo durante el dí­a, según el krjalki, porque debí­a hacer algo que no podí­a hacerse de noche. í‰ste, aunque molesto por mi presencia, aceptó unos regalos que le ofrecí­ como muestra de buena voluntad. No obstante, sospecho que mi ascendencia agimori resultó de su agrado, pues mencionó varias veces el color de mi piel. Contestó con evasivas a mis preguntas fastidiosas, pues todas giraban en torno a Arkat y su Libro de los secretos, del que se dice es en realidad el Libro rojo de Zzabur. Debo admitir que quizá no formulé mis preguntas de la forma más adecuada, teniendo en cuenta que me dirigí­a a un krjalki y me referí­ varias veces a Reytroll como el Eclipse y el Impostor.

Sea como fuere, el krjalki pareció especialmente interesado cuando le dije sin tapujos que mi objetivo era estudiar cuantas formas existieran de destruir al caos y enseñarlas a mis hermanos. Se volvió hacia mí­, mirándome a los ojos por primera vez, y me preguntó con seriedad: "¿de verdad quieres oí­r una historia sobre Reytroll el libertador?” Yo contesté afirmativamente con convicción, a lo que él asintió y continuó, "te contaré una historia sobre Arkat y la muerte de Nysalor, pero debes permanecer en silencio todo el rato, y luego me dejarás en paz”. Acepté el trato del krjalki sospechando ya que marcharí­a de allí­ con más preguntas que respuestas. Después ambos nos acomodamos y comenzó su historia. A continuación reproduzco las palabras del krjalki con total fidelidad:

"Te cuento esta historia como me la han contado a mí­ las hembras del clan, como la escribe Reytroll en El libro de los secretos, tal y como ocurrió, Arkat katar araka tarat akara ratak Arkat (Arkat así­ lo dijo y dí­jolo así­ Arkat).

Cuando la batalla terminó pudimos verlo porque la furia del cielo se aplacó y la luz del demonio se apagó. Nuestros ojos pudieron descansar, pero la oscuridad protectora de Reytroll también habí­a desaparecido, por lo que no era como estar en el hogar. Cuando nuestros enemigos yací­an muertos y pudimos de nuevo mirar alrededor y reconocer a nuestros amigos, vimos a Reytroll volver a nosotros, cargaba un cadáver en sus brazos.  Caminaba despacio, dejando a su paso un sendero de sangre que alimentaba la tierra y secaba la vida. Todos reconocimos a Reytroll, pero veí­amos dos cuerpos sangrando por la misma herida.

Reytroll se detuvo a unos pasos de nosotros, que contemplábamos asombrados su nueva forma, ni troll ni humano, sino todo lo contrario. Sus ojos lloraban sangre y una herida terrible en su pecho dejaba ver con claridad su corazón, que ahora era negro como un carbón quemado. Rodeando a éste, una corona de resplandor dorado nos dañaba de nuevo los ojos, recordándonos el brillo del demonio, y atravesaba su corazón con mil agujas. Su mirada estaba perdida, su espí­ritu aún atrapado en el momento terrible. Así­ hablaron sus labios mientras Reytroll permanecí­a en otro lugar:

‘no soy merecedor de solaz para el alma ni de gozo para el corazón. He pecado al confundirlos con el ansia de venganza. He pecado al negárselos a otros, al perderlos en mi laberinto, desviándolos del camino. He pecado al matar sin mesura, hasta ser matado por mi propia mano.’

Reytroll miró el cuerpo deforme del demonio, que se derramaba entre sus dedos como el fango, y volvieron a hablar sus labios, traidores a su voluntad:

‘Miradme, creado para alcanzar la unidad eterna y dividido por toda la eternidad. Inocente, pero mancillado antes de nacer, engendrado en el vientre de la discordia. Mi cometido, luminoso y claro, ensombrecido por la ambición de unos cuantos.

Ambos santos en nuestra intención y corruptos en nuestros métodos. Ambos cegando a otros, bien con sombras, bien con luz. Ambos condenados a engañarnos, viendo a Gbaji en el reflejo. Yo era oscuridad y él era el faro que guiaba mi intención. Yo me convertí­ en atacante, él se tornó agraviado.
Cuando asesté el golpe final, vi mi espada atravesando mi pecho, y vi mi pecho atravesado por mi espada. Lo que Arkat le hizo a Nysalor fue lo que Nysalor le hizo a Arkat y ambos sangramos por la misma herida, que ahora nos separa. Perdimos la posibilidad de hablar y completarnos. Perdóname, Osentalka, el que murió sin llegar a ser nacido; perdóname, Nysalor, el que murió sin completar su cometido; perdóname, Arkat, el que vive, muerto y vací­o. Gbaji me ha derrotado con mi propio triunfo.’

Reytroll cayó de rodillas, vencido por la victoria. Las magias desplegadas en la batalla se desvanecí­an poco a poco, dejando solo a un ser patético llorando en su propio funeral. La luz dolorosa que emití­a su corazón se apagó y en su pecho quedó grabada la muerte en forma de cicatriz. De ésta manaba sangre como de un manantial calmo. Allá donde los restos del demonio se teñí­an de rojo, su carne parecí­a iluminarse como ascuas avivadas, pero solo era una ilusión. Nysalor habí­a partido, dejando atrás la burla retorcida de Gbaji.

Después de aquello Arkat el libertador nos pidió con humildad que tomáramos cada uno un pedazo del demonio y lo lleváramos lejos. Luego nos pidió, postrándose humillado, que cubriéramos el suelo con sal, pero no nos explicó el motivo de estas tareas. Nos observó mientras velaba la ruina de los sueños, de lo que podrí­a haber sido y no fue, y cumplimos sus cometidos acongojados por sus llantos.

Cuando todo terminó, Arkat el libertador expresó su deseo de volver al hogar y todos nos miramos, confundidos. Entonces dio media vuelta y echó a andar sin mirar atrás. Los que así­ lo desearon le siguieron, los demás buscaron el hogar en otro lugar.

Te he contado esta historia como la contaron las hembras del clan, como la escribió Reytroll en El libro de los secretos, tal y como tení­a que ocurrir, Arkat katar araka tarat akara ratak Arkat.”

Con esta oración el krjalki dio por acabada la historia, se levantó y continuó con sus tareas como si ya me hubiera marchado. Yo, por mi parte, comí­ allí­ mientras barruntaba las palabras de la criatura, que por alguna razón resonaban en mi cabeza con voz femenina, antigua y oscura. Después recogí­ mis cosas y me marché.

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