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Iniciado por Kelemvor Freshbane, Octubre 17, 2010, 17:02:15



Vorkosigan


Cyrus Balzack



Este es Miles Vorkosigan ? Parece un proto bakala con un chandal espacial xDDD

MrOizo

Groobab, DM Troll de D&D nivel 51


EbaN de Pedralbes

3 series de comics que lo petarí­an.

Hay varios comics que no entiendo que no adapten a series (no cine: series). Requisitos fundamentales: series cerradas y fieles a la historia. Nada de "jostis, mira qué bien, vamos a alargarla".

Midnight nation.
Pedazo de colección, y pedazo de serie saldrí­a. Además, de esas que se llevan tanto ahora: rollo los personajes yendo de un sitio a otro en una especie de viaje personal y emocional que les lleva a un sitio. Sólo que, al contrario que con Walking dead o Revolution, esta historia de verdad sí­ lleva a algún sitio. Además, el rollosobrenatural de Midnight nation es bastante original y, bien llevado, serí­a de mucho susto, no como Walking dead, que los muertos dan entre risa y pena.

(comentario aparte: en Wlaking dead los protas son muy tontos. Mu tontos, mucho. Mu tontos)

The Question
Una "miniserie" de una o dos temporadas, o dos medias temporadas de 9-10 episodios, que también están de moda. Podrí­an ambientarla en el mismo mundo de Arrow y nos mostrarí­an a un héroe que también pierde. El punto original (ay, SPOILERS) serí­a que... bueno, el contrapunto frente a Arrow y Flash. Una primera temporada o mitad nos enseñarí­a la primera parte de la historia de Question, con Sage tomándose la cosa como una afición y acabando con él medio muerto en el hospital. En vez de visitarle Batman en el hospital podrí­a visitarle Arrow, y todo, y soltarle la charla.

En la segunda parte tendrí­amos a Question desesperado, luchando contra la ciudad que se viene abajo, con flashbacks de su entrenamiento.

100 Balas.
Qué decir de 100 balas. Tiene todo lo que una buena serie de intriga puede ofrecer o le puedes pedir. Ultraviolenta, con un misterio que aclarar a la audiencia y que cuando se resuelve no era para tanto pero te engancha con una trama que gira y gira... Además, el formato de la colección da para mucho juego con el mismo estilo de la serie. Podrí­a parecer que cada episodio o par de episodios te cuentan cosas distintas, historias diferentes, sin relación entre sí­, jugando con los estilos visuales...

Mención especial: JLI. La de Giffen y DeMatteis. En formato sitcom. ¿Una sitcom con Batman, Green Lantern, Canario Negro y toda la pesca? ¡COMPRO!
Fe en el Caos

EbaN de Pedralbes

Reseña del comic "El bosque de los suicidas".



[ADVERTENCIA: este artí­culo contiene menciones de suicidio]


A veces tenemos que variar un poco los cómics que leemos. El mundo de superhéroes que Marvel y DC  han creado durante décadas y las exuberantes historias que nos ofrece el manga en sus distintos géneros están muy bien, pero eso no quita que le echemos el ojo a algo diferente. Y es por eso por lo que le di una oportunidad a El bosque de los suicidas.

De la mano del guionista El Torres y del artista Gabriel Hernández nos llega una historia que, en menos de cien páginas, se adentra en uno de los lugares más misteriosos y "malditos” de todo Japón: el bosque de Aokigahara. Si no sabes de qué te estoy hablando, sólo tienes que leer bien el tí­tulo de este tomo único porque no hay trucos ni gato encerrado. El bosque de los suicidas narra, simple y llanamente, la historia de exactamente eso, un extenso bosque al pie del monte Fuji conocido por ser uno de los sitios donde más suicidios se cometen al año.

Y no. Esto no es ficción. No me lo estoy inventando. Si visitaras Aokigahara, te encontrarí­as con dos cosas bastante evidentes: rutas turí­sticas muy vigiladas y carteles que intentan persuadir a los visitantes más osados de quitarse la vida. Si a esto le sumamos una milenaria tradición histórica que habla de la maldición que habita en el bosque, tenemos el caldo de cultivo perfecto para el terror japonés más clásico.

Esa es la esencia de El bosque de los suicidas. Utilizando Aokigahara como centro neurálgico de la acción, El Torres y Hernández nos narran de forma paralela las historias de Alan y Ryoko, un gaijin que acaba de romper con su novia obsesiva y una guarda forestal que se encarga de mantener los espí­ritus del bosque a raya.


Alan y Masami


La historia se desencadena cuando Masami, la novia de Alan, decide quitarse la vida. Presa de la obsesión amorosa y ví­ctima de una relación malsana, se cuelga de un árbol en mitad de Aokigahara. Lo que probablemente Masami no esperaba era volver a modo de fantasma desquiciado en busca de venganza.

Si bien la premisa de la que parte la historieta responde a un estereotipo clásico (el espí­ritu vengativo de una mujer "loca por amor”), la evolución de los arcos narrativos de los protagonistas no es la que cabe esperar en una historia de terror. La premisa del personaje de Ryoko es la de una mujer que, habiendo perdido a su padre en el bosque, ha salido adelante y no se deja mangonear ni impresionar por nadie. Es una protagonista que salva bastante la imagen femenina, sobre todo frente al cliché que representa Masami. Además, Ryoko es fuerte y práctica frente al segundo protagonista, Alan, quien es todo lo contrario. Se trata de un hombre débil que comienza a perderlo todo y que se ve consumido por la culpabilidad y el miedo. Hablamos, por tanto, de personajes que conforman las dos caras de una misma moneda, un juego narrativo de paralelismos que funciona perfectamente en las páginas de este cómic.

Temas como la obsesión, la venganza, a soledad y, sobre todo, la culpabilidad de aquellos que continúan su vida tras el suicidio de una persona allegada son mencionados a lo largo de la historia, si bien de forma bastante superficial. Probablemente para no obstaculizar la verdadera misión del cómic: el suspense y el terror que se esconde detrás de cada viñeta. Aviso para navegantes: no faltan las escenas de sangre y gore que tanto molan en el terror asiático.


Ryoko y los fantasmas del bosque


Aunque a veces el diálogo entre los personajes peque de explicativo y atropellado para que el lector comprenda ciertos términos y tradiciones, encontraréis pequeñas referencias muy fáciles de entender para los asiduos a la cultura popular de Japón. Desde tipos de comida hasta los visual kei, pasando por algún que otro guiño a exorcismos asiáticos.

Pero si hay un detalle que me parece bastante acertado en El bosque de los suicidas es el de la ruptura del concepto idealizado del suicidio. Existe una larga tradición en la ficción de romantizar el acto de quitarse la vida, quizá para suavizar el verdadero impacto emocional que puede provocar en la audiencia o, tal vez, para conseguir todo lo contrario y maximizar los sentimientos de empatí­a para con un personaje. Sea cual fuere el motivo, El Torres quiebra completamente este ideal, mostrando el suicidio como el proceso que es: doloroso y con muy poco glamour. La escena del suicidio de Masami es cuanto menos perturbadora.

Aquí­ es, además, donde entra en juego el lápiz de Gabriel Hernández. El conseguido estilo y la elección de colores funcionan de maravilla con esta historia, creando de manera natural un ambiente escalofriante que te cala hasta los huesos. El diseño de la página y el uso de los paneles es ágil y dinámico, resolviendo de forma elegante la narración en paralelo de dos personajes en diferentes espacio y tiempo. No obstante, lo que es un auténtico logro es el propio Aokigahara. Abre el cómic por cualquier splash page en la que se aprecie el bosque y dime luego si no se te ponen los pelos de punta.
Fe en el Caos

Kelemvor Freshbane




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