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Diario del Barón von Malek

Iniciado por Kelemvor Freshbane, Mayo 28, 2011, 01:29:43

Kelemvor Freshbane

Mayo 28, 2011, 01:29:43 Ultima modificación: Julio 01, 2013, 05:15:53 por Kelemvor Freshbane
Apreciado Consuegro:

Antes de que rompas la presente carta he de comunicarte que ya no soy la persona que viste la última vez. He cambiado, pero no sin más, hay una razón de peso, que a continuación paso a relatar.

Mi peculiar historia comienza al cabo de, pasadas dos semanas después, de tú última, y desilusionante -por culpa mí­a- visita de navidad.

Sé que mi actuación, delante de la familia fue más que vergonzosa, pero te juro que no he vuelto a probar el alcohol.

Mi hijo mayor, al dí­a siguiente de la fatí­dica cena navideña, empezó a regañarme, como si los roles se hubieran tornado y ahora fuera él el padre. Me dijo cosas muy dolientes; que no habí­a cuidado de mi familia, que era un mal padre, un borracho, y no sé cuántos adverbios más que mi mente ha tratado de olvidar.

Aquello me afecto como nunca nada lo habí­a hecho. Durante varias noches me escondí­a en la guardilla, acurrucado como un niño pequeño en posición fetal. Allí­ donde nadie podí­a verme ni escuchar llorar durante toda la noche.

Después de tres dí­as sufriendo, decidí­ marcharme. Nadie me echarí­a de menos, serí­a un problema menos para ellos y de este modo serí­an felices.

Preparada la mochila con: una muda, una manta, ví­veres para varios dí­as y una lámpara, me dispuse a escabullirme al exterior.

Una vez, fuera de la casa, me quedé meditando la dirección a seguir. No se me ocurrí­a hacia dónde ir. Me quedé mirando las estrellas embobado.

Unas campanas me sacaron de mi ensimismamiento, era el reloj de mi casa que marcaba la medianoche. Habí­a estado dos horas mirando el cielo sin darme cuenta, no podí­a perder más tiempo. Pensé rápido; "Estamos en invierno, hace frí­o, el frió se vincula al Norte. Pues hacia el Norte iré.”

Antes de salir de la basta ciudad ya notaba un fuerte dolor en mis pies al no estar acostumbrado a caminar, resultante de mi acomodada vida.

La oscuridad de las calles y el aleteo de un murciélago tratando de apresar algún incauto insecto, fueron mis únicos acompañantes hasta las afueras.

Me adentré en el cementerio, siempre he pensado que hay que tener más miedo de los vivos que de los muertos. La noche era húmeda y se habí­a formado una espesa neblina que ocultaba mis pies, pero no el dolor -que cada vez era peor-.

Oí­ un crujido a mis espaldas, no muy lejos de mí­. -"Será un animalillo -pensé- buscando un hueso que poder roer.” Pero noté una mirada penetrante observándome. Me giré rápidamente, asustado por primera vez en esta noche, y no pude creer lo que vi.

Una muchacha, hermosa y completamente desnuda; su piel, plateada como la luna, sus ojos, grises como la piedra. Se asustó al ser descubierta y salió corriendo. No sé por qué empecé a correr tras ella. La seguí­ hasta la cripta, donde se metió sin pensárselo dos veces en la negra oscuridad. ¿Tan asustada está para no darse cuenta del peligro que corre al adentrarse en un lugar que se está cayendo por el propio peso de los años? íšltimamente habí­a habido corrimientos de tierra en el interior.

Traté de escuchar a través de la entrada, sin éxito alguno. Seguro que no se habí­a aventurado más que unos metros y ahora se encontraba agazapada entre los nichos temblando de miedo.

Cogí­ mi lámpara, la encendí­ y alumbre la entrada. Nada, así­ que penetre en el subterráneo. Caminé -a pesar de mi dolor de pies- con cuidado de no tocar nada; no tení­a ganas de morir aplastado por el techo de la cripta, aunque si esto ocurrí­a les quitarí­a el trabajo de enterrarme. Este pensamiento me hizo esbozar una ligera sonrisa, sonrisa que duró apenas un segundo, lo justo para recordar en donde me hallaba.

-"¡Muchacha, no tengas miedo, solo quiero ayudarte!”

Ninguna respuesta.

-"¡Este lugar es muy peligros, se puede derrumbar en cualquier momento!

La misma respuesta.

Espero que no se haya metido en un nicho -pensé-, no, no tendrí­a fuerza suficiente para abrir uno, me costarí­a incluso a mí­.

Caminé durante un buen trecho, y si mal no recordaba estaba llegando al final de la cripta; siendo niño me trajeron mis padres para ver la tumba de mi tatarabuelo, una experiencia que no he olvidado aún a pesar de los años.

No era posible que la hubiera pasado sin verla, habí­a mirado cada rincón, y aun así­ ahí­ estaba la pared que delimitaba la cripta.

Me senté en un rincón desconcertado. ¿Habrí­a sido sólo un producto de mi imaginación? Noté un ligero frescor en mis pies, acerqué la lámpara para mirarlos. Mis calcetines estaban ensangrentados, me quité los zapatos y vi lo que me temí­a. Habí­a caminado más que en toda mi vida y me habí­a destrozado los pies. Todo por una ilusión, seguramente provocada por mi adicción al alcohol.

Me recosté un poco para descansar, fue ahí­ donde me di cuenta. ¿De dónde vení­a esa brisa? No es posible en una cripta cerrada, debe de haber otro conducto.

Me calcé -dolorosamente- , y cojeando -pues al enfriarme los pies me dolí­an mucho más- me puse a buscar. Entre unos nichos encontré un agujero que se habí­a formado por consecuencia de un derrumbe.

Dejé atrás los pasillos de piedra esculpida para adentrarme en un pasillo de roca natural. Era casi imperceptible, y más a pesar de mi cojera, pero hubiera jurado que el túnel descendí­a cada vez más.

Caminé un buen rato, pensando. ¿Por qué seguí­a adelante? ¿Era por la muchacha? No, no era más que una fantasí­a de mi mente. Lo hací­a por mí­, tení­a miedo de volver atrás, de que me acusaran por las cosas que hecho, por las cosas que no he hecho...

De repente oscuridad, se habí­a agotado el combustible de la lámpara. Me quedé quieto en la total oscuridad, no se oí­a nada. Mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y puede ver como un leve resplandor. Caminé -cojeando- hacia él. El resplandor, de un color verde, era cada vez era mayor.

Llegué hasta una gran caverna iluminada por ese resplandor verde, lo proyectaba un lago que la cubrí­a casi por completo. Ese lago, de color esmeralda, era casi hipnótico.

Su olor recordaba al bosque después de la lluvia. Cuando me quise dar cuenta tení­a los pies sumergidos en su interior. Para mi sorpresa era bastante espeso, como la savia de un árbol, pero relajante. Tan relajante que me tumbe en la orilla, con mis pies allí­ sumergidos, mirando el techo. Un techo enredado de raí­ces y de lo que me parecieron ataúdes, asomando como queriendo llegar al lago. Esta imagen no me extrañó, los ataúdes se estarí­an hundiendo a causa de los desplomes de la zona.

No se cuánto tiempo estuve dormido, solo sé que me despertaron unos guturales gemidos. Al otro lado del lago pude apreciar a unos individuos. Transportaban algo hacia el lago y lo lanzaban dentro. Volví­an por donde habí­an venido y, después de un rato, regresaban otra vez con algo parecido y lo volví­an a lanzar dentro.

Me calcé y comencé a acercarme a ellos, pues querí­a preguntarles sobre la chica. Mientras me acercaba me percaté de que estas personas iban, al igual que la muchacha, desnudos. Y no solo eso, sus pieles eran también de un pálido sepulcral. Cuando me hallaba a unos 100 metros de ellos se pararon de golpe y se giraron al uní­sono mirándome como si de una amenaza se tratase, entre ellos estaba la joven a la que seguí­ hasta este lugar.

Vi cómo se les caí­a la mercancí­a que trasportaban cuando se pusieron a gritar amenazadoramente. Era un cadáver ya carcomido y seco, supongo, hace décadas.

El terror inundó mi cuerpo cuando uno de ellos me agarró por el tobillo, al tiempo que salí­a del espeso lago, y los demás se pusieron a correr hacia mí­ como animales.

Instintivamente, metí­ una patada a mi captor y corrí­, dios sabe que corrí­, más que en toda mi vida.

Lo siguiente que recuerdo fue despertar en el hospital rodeado de mi familia, la cual parecí­a realmente preocupada. Cuando se percataron que despertaba todos se pusieron a brincar y a abrazarme. A pesar de lo que creí­a, mi familia me amaba. Habí­a sido un estúpido al irme precipitadamente, pero podí­a enmendar los males que les habí­a provocado con dedicación.

Ese mismo dí­a me dieron el alta. El doctor me dijo que fí­sicamente estaba perfecto, que lo único que habí­a sufrido era un gran shock.

Pero lo que no pude explicarle, ante su asombro, fue por qué tení­a pies de veinteañero.


Barón von Malek

EbaN de Pedralbes

Enero 06, 2014, 10:51:02 #1 Ultima modificación: Enero 06, 2014, 10:53:39 por EbaN
Pues no esta mal, la verdad es que pensaba que serí­a bastante peor  icon_yaoming
Cuando valoramos los relatos de otras personas en un taller de literatura en el que participo en comunidad umbrí­a lo hacemos usando tres factores: Forma, Contenido y Opinión Personal.

La forma usada es bastante correcta, el uso de frases cortas y la primera persona ayuda mucho en este tipo de relatos de terror.
Puntuación: 3 sobre 5.

El contenido es quizás la parte más floja. Hay algunas partes del guión que no tienen mucha lógica o que no ayudan demasiado a hacer la narración más fluida. A mi me resulta chocante que un padre de familia quiera abandonar su familia por una borrachera en navidad aunque el detalle posterior de su alcoholismo lo aclara. Y el hecho de correr detrás de la chica o acercarse abiertamente a los tipos desnudos... no se, son cosas que te dejan pensando.
Puntuación: 2 sobre 5.

Y respecto a mi opinión personal pues me ha gustado. Tiene detalles interesantes y bastantes pinceladas para que el lector se mantenga atento a lo que va a pasar después. La descripción del lago subterraneo es muy buena, así­ como el ritmo general de la narración aportando detalles e información.
Puntuación: 4 sobre 5
Fe en el Caos

Kelemvor Freshbane

Gracias Eban.

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Userbarna

 icon_gusta Tal como te he puesto en el Facebook, lo iba a leer ahora después de comer, con un poco de música de estilo Drone xD todo más ambientado. Y bueno, me ha gustado. No sabí­a que tení­as este relato aquí­, ¡muy bueno Kelem!

PS: muy interesantes los conceptos que comenta Eban.

Kelemvor Freshbane

icon_feliz

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