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Iniciado por Cyrus Balzack, Septiembre 25, 2010, 00:45:57

EbaN de Pedralbes

Primeras crónicas sobre lo que esta pasando en Sitges. Don Chemapamundi comenta su primer día allí.
http://www.diariodevenusville.com/sitges-2018-cronica-1-suspiria-climax/

Kelemvor Freshbane


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Paradise Hills la película española en Sundance, es una deslumbrante fábula-feminista-adolescente de ciencia-ficción.

En pocos asuntos la ciencia-ficción se antoja más esmerada y clarividente que en el análisis y reflexión sobre la mujer, así en general. Valga 'El cuento de la criada' como último paradigma. 'Paradise Hills', el debú a la dirección de la muy vasca Alice Waddington (una bilbaína se llama como quiere), es básicamente, y resumiendo más de la cuenta, eso: un relato fantástico que se eleva desde la pantalla como una brillante metáfora; metáfora, en efecto, feminista. Pero, por vocación, y absoluta falta de prejuicios, es mucho más. De repente, el único largometraje español con sitio en la programación oficial de Sundance, en la sección Next, se antojó una de las más provocadoras, irreverentes, extrañas y personales propuestas del festival. Así, a lo bruto.

Para situarnos, la película que cuenta con Nacho Vigalondo entre uno de sus dos guionistas (el otro es Brian DeLeeuw) vive toda ella en una extraña isla que es, a la vez, un reformatorio para jóvenes de bien algo díscolas. Entran sin apreciar en lo que valen los sagrados principios de la feminidad tal y como se la han imaginado toda la vida el hombre, y salen sumisas, maquilladas y, lo más importante, con un marido ingeniero de caminos. Digamos que el planteamiento puede sonar al capítulo piloto de 'Las chicas del cable' y no. O sí, pero de otra manera completamente inimaginable.

Si se le pregunta a la propia directora por sus referencias hay que asegurarse antes de que la batería de la grabadora está al 100%. No renuncia a nada. Ni al videojuego 'Final Fantasy' ni al terror de la Hammer ni a la moda (o lo que sea) de Alexander McQuenn ni a esa joya no tan oculta que es 'El abominable doctor Phibes', de Robert Fuest, ni a sus lecturas fantásticas de adolescente que no descuidaron a clásicos como 'El señor de los anillos'. Nada de todo lo anterior le es ajeno como tampoco quiere dejar pasar la oportunidad para citar 'Picnic en Hanging Rock', de Peter Weir, y hasta la serie de los 60 de Patrick McGoohan 'El prisionero'. Todo está ahí. "Lo que siempre me ha incomodado", reflexiona la directora, "es que ninguno de los referentes atractivos, decididos y resueltos que he manejado en mi juventud eran mujeres. Me gustaría que la película sirviera de inspiración a chicas de 13 o 14 años, que vean que los héroes también pueden ser ellas, que son mujeres". Y ahí lo deja una mujer que, por lo menos en su capacidad de mezclar, se define millennial.

La película arranca con una escena fastuosa y sobre todo ambiciosa. Se trata de un baile en un castillo extraño quizá del futuro. La protagonista (Emma Roberts) se somete a los dictados de padres, familia y allegados y consiente en casarse con el ingeniero de antes. Entonces, todo da un salto atrás. Ahora estamos en un sitio de decoración entre surrealista y abstracta del que es imposible salir si no es reeducada por una Milla Jovovich, que abruma a la mismísima madrastra de Blancanieves. Lo que sigue es un cuento de hadas, pero también una intriga estructurada en espiral muy cerca del terror donde el espectador descubre a la vez que las protagonistas de qué trata este sueño por fuerza extraño, quizá ridículo, que tanto se asemeja a una pesadilla.

La puesta en escena quiere ser forzada, ampulosa, barroca y hasta ingenua. Y en efecto, todo discurre sobre la pantalla como una narración sonámbula que igual remite a un relato de terror que a un cuento de secretos y adolescentes más propio de Richard Donner. Aunque esto último no entre en el catálogo. Lo que sí sorprende, y para muy bien, es ese giro final tan cerca del cine apocalíptico de los 50. Sí, es así. El resultado es una película llena de dudas, pero tan convencida de sí misma (y aquí entran tanto los errores como los aciertos) que no queda otra que rendirse. Es decir, el manual de la perfecta debutante. Ambicioso, entusiasta, deslenguado, diferente, provocador y hasta irrenunciable. La directora del corto 'Disco inferno', definitivamente y con perdón, se viste de largo.

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